Los luciferianos fueron una secta cismática que tomó el nombre de su fundador, o
quizá principal protagonista, Lucífero de Cagliari ( 1370). Tuvieron su origen
en el rechazo a la política pro-arriana del emperador Constancio II en el
concilio provincial de Milán (354). Más tarde se negaron a aceptar la comunión
con los arrianos reconciliados, e incluso con los que habían aceptado esta
última. Buscaban la pureza absoluta de la fe y se consideraban a sí mismos como
el último resto de verdaderos creyentes.
Se dio el nombre de luciferianos a los que se adhirieron al cisma de Lucifer, obispo de Cagliari en Cerdeña.
El cisma de Lucifer acaeció en el siglo IV con el siguiente motivo. Después de la muerte del emperador Constancio II favorecedor de los arrianos, su sucesor Juliano restituyó a sus sillas a los obispos desterrados. San Atanasio y Eusebio de Vercelli reunieron un concilio en Alejandría el año de 362, con el ánimo de restablecer la paz y en él se resolvió admitir a la comunión a los obispos que en el de Remini habían hecho por debilidad traición a la fe católica con tal que reconociesen su fallo. El concilio comisionó a Eusebio para calmar las divisiones que turbaban la Iglesia de Antioquía en la cual unos reconocían a su obispo Eusebio que habia sido desterrado de su silla por su adhesión a la fe católica y otros, a Melecio que después de haber sido semi-arriano, volvió a esta misma fe.
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